Palmer Luckey ha logrado algo poco habitual en la tecnología moderna: participar en la creación de grandes empresas en dos sectores que, desde el punto de vista del cliente, apenas tienen relación entre sí. Oculus ayudó a llevar la realidad virtual al mercado tecnológico de consumo, mientras que Anduril Industries vende aeronaves autónomas, sistemas de vigilancia, equipos antidrones y otras soluciones de defensa a gobiernos. El vínculo entre ambos negocios está en la forma en que Luckey concibe la creación de empresas. Prefiere desarrollar productos con rapidez, trabajar con prototipos funcionales y entrar en grandes mercados que las compañías tradicionales no han sabido atender con suficiente agilidad. En mayo de 2026, este enfoque había contribuido a que Anduril alcanzara una valoración confirmada de 61.000 millones de dólares tras una ronda de financiación de 5.000 millones. En julio aparecieron informaciones sobre conversaciones con inversores para una posible nueva ronda que podría valorar el negocio en unos 100.000 millones de dólares, aunque Anduril subrayó que todavía no se había tomado ninguna decisión sobre esa financiación. Incluso sin ese posible acuerdo, la segunda gran empresa de Luckey ya se había convertido en una de las compañías privadas de tecnología de defensa más valiosas del mundo.
La reputación de Luckey se consolidó mucho antes de que existiera Anduril. Como joven aficionado a la electrónica, experimentaba con dispositivos de realidad virtual en una época en la que la VR moderna seguía siendo cara, poco práctica y estaba prácticamente fuera del mercado de consumo. Fundó Oculus VR en 2012 y pasó a estar estrechamente relacionado con el visor Oculus Rift. El interés de desarrolladores, inversores y empresas del sector de los videojuegos creció rápidamente. En marzo de 2014, Facebook anunció un acuerdo para adquirir Oculus por aproximadamente 2.000 millones de dólares, compuesto por 400 millones en efectivo y 1.600 millones en acciones de Facebook, además de un posible pago adicional vinculado al cumplimiento de determinados objetivos. Luckey tenía solo 21 años cuando se anunció la operación.
La venta de Oculus dio a Luckey independencia financiera y la reputación de ser uno de los fundadores jóvenes más singulares de Silicon Valley, pero su etapa en Facebook terminó pocos años después. Dejó la empresa en 2017 tras un periodo que incluyó controversias relacionadas con sus actividades políticas. En lugar de volver a la electrónica de consumo o crear otro negocio de entretenimiento, orientó su atención hacia la seguridad nacional. Esa decisión dio lugar a Anduril Industries, fundada en 2017 junto con un grupo que combinaba su experiencia en hardware con un amplio conocimiento de la tecnología aplicada al sector público. Brian Schimpf asumió el puesto de director ejecutivo, mientras que Trae Stephens aportó su experiencia en Palantir y Founders Fund. Entre las demás figuras iniciales se encontraban Matt Grimm y Joseph Chen, que ya habían trabajado anteriormente con Luckey en Oculus.
La idea original de Anduril iba mucho más allá de crear un dron mejor. Sus fundadores consideraban que los procesos de contratación y adquisición del sector de defensa solían estar demasiado alejados de la velocidad con la que las empresas tecnológicas comerciales podían diseñar, probar y mejorar productos. Anduril adoptó por ello un enfoque comercial diferente. En lugar de esperar a que un cliente gubernamental financiara cada etapa de un programa, la empresa ha invertido con frecuencia su propio capital en el desarrollo y después ha mostrado sistemas funcionales a posibles compradores. Este modelo traslada una mayor parte del riesgo financiero inicial al fabricante, pero puede reducir la distancia entre una idea y un equipo que los organismos públicos puedan evaluar en condiciones reales.
La realidad virtual y los equipos de defensa son claramente negocios distintos, pero Luckey trasladó varias lecciones útiles de Oculus a Anduril. Oculus había demostrado que un equipo relativamente pequeño podía combinar componentes ya existentes, ingeniería propia y software para crear un producto que antes requería equipos mucho más caros. Los primeros prototipos de Oculus no necesitaban resolver todos los posibles problemas de la realidad virtual. Su función era demostrar de forma convincente que una experiencia de VR inmersiva y asequible podía funcionar. Esa capacidad para transformar un concepto ambicioso en algo tangible volvió a resultar importante cuando Luckey entró en un sector donde las demostraciones y las pruebas sobre el terreno pueden tener más peso que las presentaciones sobre tecnologías futuras.
También existía cierta coincidencia en los problemas generales de ingeniería. La realidad virtual depende de sensores, cámaras, pantallas, software y del procesamiento rápido de información sobre el entorno físico. Los sistemas modernos de defensa autónoma utilizan algunas de esas mismas categorías tecnológicas, aunque con objetivos completamente diferentes y bajo requisitos operativos mucho más estrictos. Luckey no se limitó a convertir un visor Oculus en equipamiento militar. La conexión más relevante fue su experiencia creando productos en los que el hardware y el software tenían que funcionar como un único sistema, en lugar de desarrollarse como componentes independientes.
Su disposición a entrar en el sector de la defensa fue otro factor importante. Durante años, muchas empresas tecnológicas respaldadas por capital riesgo evitaron el trabajo militar porque consideraban que las ventas a gobiernos eran lentas, complicadas y políticamente sensibles. Luckey adoptó la postura contraria y dejó clara desde el principio la orientación de Anduril hacia la defensa. Esto proporcionó a la empresa una identidad definida a la hora de contratar ingenieros que querían trabajar específicamente en proyectos de seguridad nacional. También convirtió a Anduril en una empresa controvertida para una parte del sector tecnológico. Esa controversia no desapareció a medida que el negocio creció, pero la compañía nunca tuvo que transformarse de una empresa tecnológica civil en un contratista militar después de alcanzar una gran escala.
Los primeros trabajos de Anduril se centraron en la vigilancia autónoma. Su sistema de software Lattice podía combinar información procedente de sensores y ayudar a los operadores a identificar y seguir actividades en áreas extensas. Una de sus primeras aplicaciones destacadas estuvo relacionada con torres de vigilancia utilizadas en programas de seguridad fronteriza de Estados Unidos. La importancia de estos proyectos fue tanto comercial como tecnológica: Anduril necesitaba demostrar que una empresa joven financiada con capital riesgo podía pasar de realizar demostraciones a participar en procesos reales de contratación pública. En los años siguientes, sus ambiciones crecieron considerablemente. En 2022, el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos seleccionó a Anduril para trabajos relacionados con sistemas contra aeronaves no tripuladas mediante un acuerdo con un valor potencial cercano a los 1.000 millones de dólares.
Posteriormente, la empresa desarrolló y adquirió una gama mucho más amplia de productos. Su catálogo llegó a incluir drones de reconocimiento Ghost, aeronaves ALTIUS, vehículos submarinos autónomos, sistemas antidrones, equipos de guerra electrónica, misiles de crucero Barracuda y Fury, la aeronave que evolucionó hasta convertirse en el YFQ-44A de Anduril dentro del programa Collaborative Combat Aircraft. Las adquisiciones ayudaron a acelerar esta expansión. Anduril compró Area-I, desarrolladora de ALTIUS, y Dive Technologies, especializada en vehículos submarinos autónomos. En lugar de tratar cada adquisición como un negocio aislado, Anduril ha intentado conectar diferentes tipos de equipos mediante capacidades comunes de software y autonomía.
Una prueba especialmente importante llegó con el programa Collaborative Combat Aircraft de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Anduril fue seleccionada en 2024 como una de las empresas encargadas de desarrollar aeronaves autónomas para este programa. Posteriormente, su YFQ-44A entró en fase de pruebas de vuelo en 2025, y Anduril informó de que el programa había pasado de un diseño completamente nuevo a su primer vuelo semiautónomo en 556 días. La Fuerza Aérea amplió de nuevo el papel de Anduril en junio de 2026 al seleccionar a la empresa para trabajar en la autonomía de misión de estas aeronaves de combate colaborativas. Para una compañía fundada menos de una década antes, participar en un gran programa de aviación militar representó un cambio significativo de categoría.
Producir prototipos convincentes no es lo mismo que convertirse en un gran proveedor de defensa. Los clientes militares de gran tamaño necesitan equipos que puedan fabricarse de forma repetida, mantenerse durante años y entregarse en cantidades importantes. Por esta razón, Anduril ha invertido grandes sumas en capacidad industrial en lugar de seguir siendo principalmente una empresa de ingeniería y software. En enero de 2025, eligió Ohio para Arsenal-1, un centro de fabricación de aproximadamente cinco millones de pies cuadrados. La compañía ha descrito el proyecto como una inversión cercana a 1.000 millones de dólares destinada a permitir la producción anual de decenas de miles de sistemas de defensa autónomos cuando alcance su plena capacidad.
Arsenal-1 muestra por qué Anduril necesita cantidades de capital privado poco habituales. Las empresas de software pueden añadir clientes sin construir fábricas enormes, pero las aeronaves, los misiles, los vehículos submarinos y otros productos físicos requieren líneas de producción, empleados especializados, componentes, instalaciones de pruebas y cadenas de suministro. Anduril está intentando financiar parte de esta expansión antes de que toda la demanda esté garantizada. La recompensa podría ser considerable si los gobiernos realizan pedidos a gran escala, pero la estrategia también genera un importante riesgo de ejecución. Las fábricas solo se convierten en una ventaja cuando los contratos y los volúmenes de producción justifican la inversión.
Hasta ahora, los inversores han estado dispuestos a financiar esa expansión. Anduril afirmó que sus ingresos aumentaron más del doble hasta alcanzar aproximadamente 2.200 millones de dólares en 2025. En mayo de 2026, la compañía anunció una ronda Series H de 5.000 millones de dólares liderada por Thrive Capital y Andreessen Horowitz, que situó su valoración en 61.000 millones de dólares. Solo once meses antes, su ronda de financiación de junio de 2025 había valorado la empresa en 30.500 millones. El incremento es considerable, pero la valoración de una empresa privada no debe confundirse con sus ingresos anuales, sus beneficios o su valor futuro garantizado. Representa el precio que los inversores estaban dispuestos a atribuir a la compañía al comprar participaciones privadas bajo las condiciones de esa ronda de financiación.

El crecimiento de Anduril ha coincidido con un cambio importante en la forma en que gobiernos e inversores contemplan la tecnología de defensa. Los conflictos en Ucrania y otras regiones han demostrado la importancia de los drones, los equipos antidrones, la guerra electrónica y la capacidad para sustituir material con rapidez. Al mismo tiempo, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China ha aumentado la presión política para ampliar la producción militar. Los inversores de capital riesgo que anteriormente consideraban la defensa un sector especializado y difícil ahora ven un mercado potencialmente enorme. Este cambio no debe exagerarse: los contratistas tradicionales siguen recibiendo la gran mayoría del gasto estadounidense en defensa. Sin embargo, las empresas más jóvenes están obteniendo oportunidades que habrían sido mucho más difíciles de conseguir una década atrás.
Anduril también ha ampliado su actividad más allá de la dependencia de un único tipo de contrato estadounidense. Australia se convirtió en un socio importante a través del programa del vehículo submarino autónomo Ghost Shark. En 2026, el Ministerio de Defensa de los Países Bajos adjudicó a Anduril un contrato para capacidades antidrones, mientras que Anduril UK avanzó en el programa Project NYX del Ejército británico, relacionado con aeronaves autónomas concebidas para operar junto a helicópteros Apache. Estos programas difieren considerablemente en tamaño y grado de desarrollo, pero en conjunto muestran que la empresa está estableciendo relaciones con clientes de defensa aliados, además de trabajar con diferentes ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Su creciente participación en sistemas militares de realidad mixta crea además una conexión especialmente singular con la primera etapa profesional de Luckey. En 2025, Anduril y Meta anunciaron que trabajarían conjuntamente en productos de realidad extendida destinados a usuarios militares estadounidenses. Anduril también había colaborado con Microsoft en torno al Integrated Visual Augmentation System del Ejército de Estados Unidos, y posteriormente el Ejército adjudicó a Anduril un contrato inicial de prototipos por 159 millones de dólares para Soldier Borne Mission Command, anteriormente conocido como IVAS Next. Más de una década después de que Facebook comprara Oculus, una tecnología relacionada con el campo original de Luckey había vuelto a adquirir relevancia dentro de su negocio de defensa, aunque los requisitos militares son considerablemente distintos de los de la realidad virtual de consumo.
Es importante no presentar a Anduril como una empresa de una sola persona. Luckey es su fundador y una de sus figuras públicas más reconocibles, pero no es el director ejecutivo. Brian Schimpf ocupa ese cargo, y el crecimiento de Anduril ha dependido de ejecutivos, ingenieros, especialistas en fabricación, veteranos militares y expertos en políticas públicas con una experiencia que Luckey no tenía cuando se creó la compañía. Esa división de responsabilidades forma parte de la propia historia. Luckey aportó capital, intuición tecnológica, capacidad para atraer talento y una visión clara sobre la dirección que debía tomar la tecnología de defensa, mientras que el resto del equipo fundador incorporó experiencia en ventas gubernamentales, software, operaciones y seguridad nacional.
La valoración de la empresa también debe describirse con precisión. La cifra confirmada a agosto de 2026 es de 61.000 millones de dólares, correspondiente a la ronda Series H anunciada en mayo. Informaciones publicadas en julio señalaron que Anduril estaba considerando otra ronda de financiación que podría llegar a valorar la empresa en unos 100.000 millones de dólares. Anduril respondió que no se había tomado ninguna decisión sobre futuras rondas y calificó de especulativas las afirmaciones sobre condiciones, valoración o calendario concretos. Por tanto, una posible cifra de 100.000 millones de dólares no debe presentarse como la valoración actual de la compañía. Los 61.000 millones confirmados ya son suficientes para situar a Anduril entre las empresas tecnológicas privadas más valiosas y convierten su evolución desde una start-up fundada en 2017 en un caso especialmente poco habitual.
Lo que Luckey ha construido también resulta más difícil de evaluar que un éxito convencional de tecnología de consumo. Anduril opera en un sector condicionado por presupuestos gubernamentales, decisiones de seguridad nacional, normas de exportación, procesos de contratación prolongados y cuestiones éticas relacionadas con los sistemas militares autónomos. Su valor futuro dependerá no solo de la ingeniería, sino también de su capacidad para fabricar de forma fiable a la escala prometida y convertir los programas de desarrollo en pedidos sostenidos. Esto convierte a Anduril en un ejemplo útil del método empresarial de Luckey, más que en una simple historia de éxito ininterrumpido: elegir un mercado difícil que las empresas tradicionales atienden con lentitud, construir productos tangibles antes de que estén definidas todas las exigencias del cliente, contratar a personas con conocimientos que el fundador no posee e invertir de forma agresiva cuando empieza a aparecer una demanda real.